lunes, 21 de marzo de 2011

http://www.decrecimiento.info/2010/05/arquitectura-sostenible.html


¿Arquitectura sostenible?


Ethel Baraona Pohl -
dpr-barcelona

“Seguimos en el mismo lugar que hace 10 años, porque se ha conservado toda esa mitología del crecimiento y se ha manejado de manera ambigua y engañosa esa idea de la sostenibilidad.” -José Manuel Naredo[1]

Parece paradójico que uno de los términos más utilizados y debatidos de los últimos tiempos, es una palabra que ni siquiera existe en el diccionario: sostenibilidad. Nos encontramos ante un amplio espectro de referencias y alusiones. Palabras como bio-construcción, eco-diseño, biomímesis se escuchan cada vez con mayor frecuencia. ¿Pero realmente sabemos cual es el camino correcto a seguir desde el ámbito de la arquitectura y el urbanismo?

Podríamos decir que en la última década, hablar de medio-ambiente es lo mismo que hablar de sostenibilidad, esa palabra ambigua y que se relaciona con múltiples disciplinas. Desde el ámbito de la arquitectura y el urbanismo hemos caído dentro de una espiral de culto por la tecnocracia y se piensa que el uso e investigación de las más altas tecnologías pueden acercarnos a lo que pretende llamarse “arquitectura sostenible”.

El gran ejemplo del siglo XXI son las nuevas ciudades sostenibles, tales como el proyecto de Masdar City, la gran ciudad ecológica diseñada y ubicada en Abu Dhabi. Alimentada por completo con energía solar, se planta un sistema de transporte público que se desplazará en vagones sobre carriles magnéticos y las calles peatonales estarán cubiertas con paneles fotovoltáicos, diseñados para generar sombra así como abastecer de energía a la ciudad. Masdar no es el único proyecto de este tipo en marcha, pues iniciativas de modelos de ecociudades existen por todo el mundo, tales como la ciudad Dongtan, en China, que compite con Masdar en términos de tamaño y que aparentemente ha sido un proyecto fallido. Todo esto suena muy bien, la pregunta que surge es ¿Realmente son necesarias todas estas infraestructuras?

El sociólogo y filósofo Slavoj Žižek se cuestiona acerca de estos temas en su texto Censorship Today [Violence, or Ecology as a New Opium for the Masses]. En este texto, Žižek narra la “naturalización del capitalismo” y hace énfasis en la forma en que la ecología se ha transformado en el nuevo campo de desarrollo capitalista. En la actualidad “ser ecológico” vende… y se vende bien.

Pese a todos los esfuerzos por acercarse al diseño urbano “ecológicamente más acertado”, parece que los arquitectos y urbanistas hemos aprendido poco en los últimos 50 años. Existen conceptos importantes como el metabolismo urbano que son ignorados totalmente en estos nuevos proyectos. Ya desde 1961, Jane Jacobs criticaba el diseño de ciudades [en este caso, modernistas] al considerarlas contrapuestas a la naturaleza viva de sus habitantes, quienes se relacionan en comunidades caracterizadas por capas complejas y en caos aparente y no según criterios de ordenacion basados en el uso estático del suelo.

Si entendemos metabolismo urbano como el intercambio de materia, energía e información que se establece entre el asentamiento urbano y su entorno natural o contexto geográfico[2], no cabe más que preguntarse ¿cómo es posible que este tipo de ciudades, aisladas del resto del mundo, construidas por una fuerza laboral importada y formada por inmigrantes de diversas procedencias, sean sostenibles?

Crecimiento urbano en el mundo. Worldmapper[3]. “Massive urbanisation means hundreds of already near-bankrupt cities trying to cope in 20 years with the kind of problems London or New York only managed to address with difficulty in 150 years.” John Vidal.

El impacto de estas ciudades sobre la biósfera es enorme, ya que las relaciones entre materiales y procesos sociales es casi nula.

Ahora sabemos que no es posible diseñar bajo parámetros sostenibles sin tomar en cuenta lo que Óscar Carpintero define como “flujos ocultos”, ya que el problema ecológico aparece al comprobar que la presión que las economías realizan sobre el medio ambiente se debe, en gran medida a la dimensión alcanzada por estos flujos ocultos no valorados[4]. Gran parte de este problema surge al constatar que un alto porcentaje de los flujos ocultos es importada de otros territorios.

Carpintero lo plantea de esta forma:

Esto nos recuerda que son precisamente este tipo de flujos los que suponen la mayor parte del metabolismo económico en cantidad, por lo que las estrategias de reutilización y reciclaje de los residuos de construcción y demolición deberían ser prioritarios si queremos reducir el consumo en origen de dichos recursos y la consiguiente generación de vertidos al medioambiente.

El problema aparece cuando se comprueba que la sostenibilidad de un país a veces se logra a costa de importar la sostenibilidad del resto de los territorios.

Recientemente, hablábamos en otro post acerca de las diversas tendencias acerca de la arquitectura sostenibile que existen en la actualidad:

Existen dos claras posturas cuando hablamos de este tema, la primera es la que sostiene que para hacer arquitectura sostenible debemos hacer uso de las nuevas tecnologías en toda su amplitud, llamando al concepto de biomímesis, es decir, imitar a la naturaleza. La otra aboga por el decrecimiento y rescatar de la arquitectura tradicional aquellos parámetros que son necesarios para poder construir con el menor impacto ambiental posible, respetando el clima, los materiales y los habitantes del lugar. El término decrecimiento nace de pensadores críticos con el desarrollo y con la sociedad de consumo, como el economista Nicholas Georgescu Roegen, que apuesta por la bioeconomía al intentar situar a la economía como un subsistema de la biósfera. Ya en los años 70 hizo propuestas que en aquel tiempo resultaban muy premonitorias: dejar de fabricar armamento, relocalizar las actividades y que la producción se sitúe cerca del consumidor y otras más que son plenamente aplicables en los tiempos actuales.

Lo que queremos proponer con este post es simplemente comenzar a cuestionarnos. ¿De qué forma podemos concebir mejores ciudades? O en realidad, ¿Es necesario concebir nuevas ciudades? No sería más sensato detener por un momento las ansias de crecimiento y evaluar todo ese enorme campo urbano que existe ya y buscar nuevas vías para adecuar las ciudades existentes a los nuevos requerimientos sociales, culturales y espaciales de este siglo.

César Reyes, co-autor del libro Arquitectura Sostenible, nos planteaba esta pregunta hace unos días: ¿Puede existir desarrollo sostenible utilizando los mismos modelos de producción y consumo surgidos de la Revolución Industrial? ¿Es posible salvar el entorno a golpe de retroexcavadoras movidas por biocombustibles?

[1] Entrevista a José Manuel Naredo
[2] Metabolismo Urbano
[3] Worldmapper
[4] El metabolismo de la economía española: recursos naturales y huella ecológica (1955-2000), Óscar Carpintero.

Extraído de La Civdad Viva

http://www.cincodias.com/articulo/economia/Jordi-Ludevid-Vivimos-triple-crisis-peor-arquitectura/20100118cdscdieco_7/

Afronta la presidencia del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España (CSCAE) con mucha "ilusión pero también con esfuerzo". Asegura que la profesión atraviesa en estos momentos una "triple crisis" que, en su opinión, podría calificarse como la peor de su historia. "Mi ventaja es que cuento con un equipo, un proyecto y el apoyo de los arquitectos".

Señala que los arquitectos padecen no sólo una crisis económica, sino profesional e institucional, un panorama nada alentador.

Sin duda. Vivimos la peor crisis de nuestra historia, una triple crisis. Actualmente visamos un 10% de los proyectos de vivienda de hace tres años. A esto hay que sumar la crisis profesional, con el Plan Bolonia y la Ley de Servicios Profesionales, y la crisis institucional, con una hiperregulación compulsiva.

Respecto a la carta que escribió a Zapatero como decano de Cataluña y en la que exponía los problemas de la profesión, ¿recibió respuesta?

Sí, fue una respuesta cortés y amable del jefe de Gabinete.

En esa carta, no disimulaba el malestar de la profesión respecto a los concursos públicos?

Sí, en una situación de crisis, de indigencia económica, hemos denunciado las graves irregularidades que aparecen en los concursos públicos. Vemos adjudicaciones a dedo, jurados sin arquitectos. Nos proponemos impulsar una catarsis no sólo por la vía legislativa. Pretendemos un acceso universal y constitucional. Cuando los arquitectos se presentan a un concurso, millones de euros se van a la cloaca. Creemos que no es constitucional, porque se trata de hacer un trabajo que luego no es remunerado. En otros países se intenta paliar esto con concursos que se acerquen a la media aritmética y no al precio más bajo como ocurre en España, que puede ir en detrimento de la calidad. En definitiva, hay que profesionalizar los concursos públicos con rigor jurídico, con la implicación de abogados y arquitectos.

El Ministerio de Educación reunió en diciembre a un grupo de expertos para buscar una salida que equipare sus estudios con el de los ingenieros. ¿La encontraron?

Lo que ha habido desde entonces es mucho trabajo. Sesiones de trabajo con las escuelas, el mundo académico, los profesionales y los estudiantes. Lo que puedo decir, por ahora, es que no estamos donde estábamos, sino que hemos avanzado. La actitud del Ministerio ha sido positiva, de respeto y compresión a la profesión, y creo que antes de un mes podremos saber el desenlace.

¿Cuál es su principal reivindicación? ¿Cómo se encuentra la profesión en España?

La arquitectura española tiene un indudable prestigio en Europa y en el mundo, pero hay que luchar para mantenerlo. El ejercicio de la profesión en España es distinto que en Europa porque nuestras atribuciones son distintas. El arquitecto español tiene doble atribución, la del arquitecto y la del ingeniero civil europeo, y es por eso que queremos una formación mucho más larga porque nuestra tradición, que ha dado muchos frutos, es distinta a la de Europa.

Otro de los asuntos que ha citado es la Ley Ómnibus, de Servicios Profesionales, ¿cómo les afectará?

Los arquitectos queremos ser útiles a los Ayuntamientos y a las empresas, y pretendemos que el visado añada valor y sirva de garantía para el consumidor. Aunque hay voces que aseguran que el coste de los visados influye en el encarecimiento de las viviendas, la verdad, no tiene nada que ver. Es mínimo.

Teniendo en cuenta los visados, ¿nos puede decir si ve la luz al final del túnel?

La situación es distinta según la comunidad autónoma que se trate. La velocidad de reacción a la crisis no ha sido homogénea. Aunque las proyecciones de visados no han ido a peor.

"La planificación urbanística anticipa riesgos"

El presidente del Consejo es un experto en gestión urbanística y edificación. A propósito del desastre en Haití, Ludevid resalta que se debe "apostar por el urbanismo y la planificación de las ciudades, porque anticipa riesgos". Tiene claro, además, que invertir en urbanismo supone "un bien social importantísimo y que la anticipación bien hecha ahorra costes". Se muestra tajante al señalar que "el modelo de la burbuja inmobiliaria no se volverá a repetir". Pero al ser preguntado sobre si los arquitectos tienen que hacer autocrítica respecto a las grandes ganancias cosechadas en momentos de bonanza, no tiene dudas al respecto: "Estoy seguro de que todo el mundo debe hacer autocrítica, pero creo que se puede decir que los profesionales no han sido los culpables de la burbuja. No se puede acusar a la profesión de ello". Ludevid ha querido contar en el Consejo con un panel de ilustres a la altura de lo que necesita la profesión. El decano del Colegio de Baleares, Luis Corral; el del Colegio de Galicia, Celestino García Braña, y el de Extremadura, Francisco Javier González, forman parte de su equipo, junto con el tesorero, Enrique Soler, del Colegio de Sevilla. Desde el Consejo se quiere fomentar la cohesión de la profesión y los colegios, así como favorecer la cultura empresarial en los despachos. Ludevid tendrá cuatro años para conseguirlo.

Rehabilitar. Pasarela fiscal para cambiar el modelo

La rehabilitación puede convertirse en el salvavidas de la profesión. En la primera comparecencia pública realizada el viernes, un día después de su nombramiento, Ludevid ofreció datos de la brecha que separa a España del resto de sus vecinos europeos en materia de rehabilitación. Aseguró que mientras que aquí estos trabajos suponen un 20% de la actividad total, en Alemania alcanza el 60% y en Dinamarca, el 80%.

¿Son las medidas fiscales las que finalmente acabarán por impulsar este sector?

Creo que es necesaria una pasarela fiscal para facilitar el cambio de modelo. En España ya se ha aprobado un paquete de medidas fiscales a favor de la rehabilitación. Se ha ampliado el concepto de rehabilitación y por tanto, el campo de aplicabilidad y del IVA reducido. De lo que se trata ahora es de ver si son suficientes o no. Todo lo que se haga, incluyendo deducciones en el IRPF, puede ser positivo.

¿Cómo cree que evolucionará en los próximos años este subsector?

La rehabilitación ha evolucionado en los dos últimos años y medio en Cataluña mucho, pasando de representar el 17% al 33% del total, pero su futuro va a depender mucho del Gobierno y de cómo se lleven a cabo los cambios. La rehabilitación también requiere una nueva concepción y la reaparición de los oficios. Un cambio al que los arquitectos deben adaptarse.

Con tantos temas, ¿cuáles son los proyectos del Consejo para este primer año de mandato?

El próximo 12 de febrero celebraremos en Zaragoza una Asamblea Extraordinaria del CSCAE para aprobar el nuevo programa de gobierno. El Consejo también se están planteando la celebración de un Foro de Arquitectura durante 2010 con objeto de buscar consensos en todos los temas tratados. En estos momentos también se está trabajando en la dinamización de la página web.

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Ciudades/arquitectura/crisis/elpepiopi/20101009elpepiopi_11/Tes

Durante los últimos meses han aparecido en la prensa y en algunos medios vinculados a la arquitectura, una serie de textos en forma de libro o de pequeños artículos de opinión, que la sitúan poco menos que como la causante de la crisis presente. La argumentación sería más o menos como sigue: la ambición y el empeño de los gobernantes por inmortalizarse, así como de algunos arquitectos por dejar su huella imperecedera, introdujo en las últimas décadas a las ciudades en una espiral de intervenciones rotundas y de obras mastodónticas, no siempre necesarias ni valiosas, que no solo no redundó en beneficio de aquellas, sino que se tradujo en uno de los agentes desencadenantes de muchas de sus limitaciones actuales, contribuyendo, a la postre, a la recesión económica en que ahora nos encontramos.

Aun admitiendo algunos mensajes parciales incluidos en el discurso, como que en las épocas de bonanza se cometen errores de exceso y que un traspiés en arquitectura puede desencadenar disfunciones graves en las ciudades, o el hecho palpable de que en innumerables ocasiones a los arquitectos de gran prestigio se les ha utilizado para obtener ventajas de proyecto (en la volumetría, en la forma, en su disposición urbana...), el tema de fondo exige bastantes matizaciones. Entre otras razones, porque con frecuencia se confunde arquitectura con construcción y se aplican a la arquitectura (una bella arte) excesos que provienen de la desregulación de un sector económico, la construcción inmobiliaria, que sí anduvo desbocado en España durante las últimas décadas y que sí ha sido uno de los causantes de la crisis.

Las buenas obras de arquitectura y las ciudades que hoy admiramos, visitamos y disfrutamos, nunca fueron producto de pactos y conversaciones amables entre los colectivos implicados, ni se impulsaron y desarrollaron en un ambiente grácil y distendido. Fueron, como es fácil de entender, el resultado de la imposición de una clase poderosa, culta y con ambición de cambio, que utilizó la arquitectura y, en general, el espacio urbano, como un vehículo para la autorrepresentación, es cierto, pero también para el desarrollo, la motivación personal y el aumento de la calidad de vida.

Pongamos un ejemplo socorrido: París, que es la ciudad más visitada y uno de los centros urbanos más selectos y cotizados, al que pocos pondrían objeciones sobre su monumentalidad, coherencia formal y calidad ambiental. Pues bien, París fue el producto de uno de los procesos de transformación urbana más rotundos y traumáticos, en el que a través de una serie encadenada de operaciones bien calculadas, se liquidó todo un tejido (físico y social) para ser materialmente sustituido por otro: el que ahora conocemos. Y todo ello en menos de un siglo y con un respeto muy dudoso a los derechos de localidad, propiedad y edificabilidad, entonces, lógicamente, muy poco desarrollados. ¿Cuánto de todo ello podríamos encontrar, pongamos por caso, en el Nilo de Ramsés II, la Florencia de los Medici o el Nueva York de los Rockefeller?

La ciudad posmoderna, definida así por intentar identificarla con un fenómeno cultural reciente y generalmente aceptado, también ha sido un producto de su tiempo. Y debe ser, en la misma línea que lo han sido las de otros periodos históricos, contextualizada. Porque además, ha tenido (y continúa teniendo) un papel mucho más relevante que sus predecesoras en el modelo de desarrollo económico dominante, caracterizado, como es sabido, por la globalización, la revolución tecnológica y la información. Durante las últimas décadas, las ciudades han evolucionado desde su rol tradicional de meros contenedores del desarrollo a sus más activos protagonistas que, organizados en red, surgen como los centros neurálgicos básicos donde está pivotando el sistema. Y ahí la (buena) arquitectura y los (buenos) arquitectos, como también otras muchas profesiones, encontraron un campo abonado y novedoso para desplegar sus habilidades.

El cambio de la ciudad industrial a la ciudad informacional, un trayecto en el que todas ellas se encuentran ahora, exigió a sus gobernantes, tejidos urbanos mejor organizados y estructuras más eficaces, así como ambientes más humanizados y habitables. Pero también les exigió participación activa en ese nuevo contexto caracterizado por un mundo globalizado y en competencia creciente. Y tanto en su organización interna como en su mejora ambiental, pero sobre todo en su enganche a la red de ciudades que mostraba mayor capacidad para el cambio, la arquitectura jugó su papel. Y no cualquier arquitectura, sino aquella que mostraba mayor aceptación y consenso entre los círculos más reputados.

Durante esos años, y como consecuencia de este fenómeno, las ciudades más despiertas y dinámicas, aprovecharon todos los recursos a su alcance para adaptar sus estructuras a los nuevos requerimientos: reordenando sus tejidos internos, mejorando su habitabilidad e incrementando la calidad de su arquitectura, con la incorporación, en innumerables casos, de obras emblemáticas de gran repercusión mediática que se suponía contribuirían a la mejora de la imagen externa de aquellas. Una hipótesis, esta última, por demostrar, pero que aún sin haberla demostrado, e incluso demostrada su falsedad, no tendría por qué involucrar al valor de la arquitectura misma.

El Museo Guggenheim de Bilbao, el edificio que, en los últimos años, más atención ha recibido por parte de los especialistas, debido a su supuesta contribución a la reconversión económica y urbanística de Bilbao, puede ser un buen museo y una excelente obra de arquitectura, más allá de su valor como motor del cambio o su rechazo por los escasos beneficios obtenidos en relación con su costo. ¿Entraríamos ahora a objetar la calidad ambiental de los Campos Elíseos por los insuficientes escrúpulos tenidos durante el siglo XIX con los propietarios del suelo donde la obra fue finalmente desarrollada? Porque, pasados 40 años ¿cuántos beneficios, han podido reportarle a ciudades como Sidney y Nueva York, la construcción de obras "mastodónticas" como la Ópera, en el primer caso, y el Rockefeller Center, en el segundo?

No sabemos a ciencia cierta el futuro que se le tiene reservado a las ciudades que apostaron durante estos años de bonanza por ese tipo de dispositivos para la mejora de su oferta y de su imagen exterior. Y no es su tamaño, lo decisivo, a la hora de evaluar el interés de su arquitectura, como tampoco se puede asegurar que fuera siempre el resultado de decisiones desacertadas o desproporcionadas en relación con los objetivos pretendidos. Una crisis del tamaño de la que estamos sufriendo, especialmente en España, puede que no ofrezca las mejores condiciones para establecer diagnosis sobre la calidad de la arquitectura reciente, sobre todo si se hace en la dirección de los textos aludidos al inicio de este escrito.

En cuanto que disciplina especulativa, a unos puede interesar más la arquitectura que se genera en el contexto de un discurso teórico o bien como resultado de una buena práctica. A mí me motiva más la que se produce en paralelo a una reflexión sobre aspectos tan vertiginosamente cambiantes como los de la presente sociedad. Pero eso no es sino una opción personal. Arquitectos, como escritores, profesores o diseñadores de moda, hay de todo tipo. Y supongo que en los diferentes campos, el éxito puede darse a partir de los más rocambolescos procedimientos relativos a la ambición, el marketing personal, incluso las malas artes. Y aun siendo esto importante, no debe distraernos de lo esencial de la discusión.

La arquitectura tiene una dimensión pública, y está siempre expuesta al escrutinio de los usuarios y en general de los ciudadanos. Obtener su aceptación y reconocimiento no es una tarea fácil. Cuando además alcanza la consideración de sus más agudos críticos, que son los propios arquitectos, y se ensalza y distingue por cualquiera de los aspectos que la definen, sean estos de carácter estratégico, topológico o simbólico, o simplemente por su potencial innovador, se le debe conceder algo más que el beneficio de la duda.

El que la reciente coyuntura haya generado élites, no nos debe preocupar, puesto que eso es lo normal. Lo difícil es rendir cuentas día tras día y demostrar que se está ahí por méritos propios.

Joaquín Casariego Ramírez es arquitecto y catedrático de Urbanismo de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

http://www.plataformaarquitectura.cl/2008/10/18/arquitectura-en-tiempos-de-crisis/

Para nadie es una novedad que lo primero que se resiente en una crisis económica es la construcción y tampoco es ninguna novedad de que la construcción es la principal fuente de empleo de los arquitectos. Bueno, más allá que sacar conclusiones obvias, me parece una buena instancia para reflexionar sobre los escenarios y oportunidades en que nos pone esta crisis como disciplina.

Dada mi relativa corta edad nunca me había tocado experimentar en carne propia una crisis económica (en la crisis Asiática estaba saliendo del colegio), y en teoría todos tenemos claro de qué se trata: inflación, escasez, desempleo, menos oportunidades, quiebras, etc. Claramente lo último que quiero es ser un pájaro de mal agüero ni mucho menos… ya hemos tenido suficiente con las portadas de los diarios induciéndonos al pánico y con los noticiarios día a día mostrándonos gráficos que se van a pique y mercados totalmente bipolares e inestables.

Pero lo que me lleva a escribir esto es que hace como 1 mes estuvimos en Nueva York, (donde el consumo se viene desacelerando desde hace varios meses), entre otras cosas entrevistando algunos reconocidos arquitectos para publicar en este sitio (una vez que las podamos subtitular) y en ArchDaily. Al llegar a una oficina de tamaño mediano-grande (60 arquitectos) en un deslumbrante rascacielos, nos impresionó ver que habían hileras de puestos de trabajo prácticamente vacías: ahí estaban las maquetas, los computadores de última generación frente a cada una de las sillas, las láminas listas para ser mandadas a concursos… pero lo único que faltaba eran los arquitectos. Al preguntar dónde estaban, tuvimos 2 respuestas: “de vacaciones” nos dijeron al principio, pero luego uno de los arquitectos que todavía tenía su puesto de trabajo nos confirmó la realidad “sólo quedamos 12, el resto se fue la semana pasada” lo que nos dejó literalmente Plop!. Dos días después quebró Lehman Brothers y entendimos un poco mejor lo que estaba pasando.

Bueno, la realidad es que ese escenario poco alentador se nos repitió más de una vez y es bien fuerte reconocer de que estábamos frente a una crisis real, ya no teórica, ya no de portada de diario, sino donde es necesario optimizar costos, buscar eficiencias y restringir los gastos para no ver las cifras rojas. Desgraciadamente estamos en una profesión donde los márgenes de utilidades son estrechos (pero por contrapartida la vocación muy grande) y además para la gran parte de los arquitectos tradicionales las oportunidades de trabajo son demasiado sensibles a las alzas tasas de los créditos hipotecarios y en general a todas las razones económicas que dificulten en algún grado a la gente comprarse una vivienda.

Bueno, justo eso es lo que ya estamos viendo en estos momentos. Esta semana se calculó en un 70% la reducción de proyectos inmobiliarios para los próximos 12 meses, y hasta Cencosud anunció algo impensado: sólo construirá 2 de las 4 torres del Costanera Center. Si bien desde hace un tiempo que se viene hablando de una sobrepoblación de Arquitectos en Chile, (lo que hemos discutido anteriormente en Plataforma Arquitectura), ahora además experienciaremos una disminución sustancial de requerimientos por nuestros servicios. O sea, tenemos que en Chile año a año aumenta la oferta de arquitectos, pero ahora además disminuye la demanda.

¿Qué oportunidades podemos sacar de todo esto? Yo creo que varias, pero me parece que este punto de inflexión a lo menos nos debiera de llevar a reflexionar, discutir y ojalá replantear 3 temas importantísimos en relación al panorama actual de la Arquitectura en Chile:

1. Evaluar la cantidad /calidad de escuelas que imparten la carrera: Si bien esto lo hemos discutido en Plataforma Arquitectura varias veces antes, en Chile actualmente hay 44 escuelas de Arquitectura, sin ninguna regulación en común, ni tampoco limitaciones para que puedan seguirse abriendo más… y lógicamente con esto aumenta la oferta de arquitectos. Nadie podría sorprenderse de que en 10 años más en Chile hubieran 100 escuelas. Entiendo claramente que estamos bajo una lógica en la que las leyes de mercado son las encargadas de regular la oferta y demanda (y que se suponía es la forma más eficiente), ¿pero ese mercado no era exactamente el mismo encargado de regular las bolsas por estos días? Bueno, entonces estamos ante una gran oportunidad de revisar esto, y de proponer fórmulas de regular el “mercado de la educación de la arquitectura”. Que no es ni más ni menos que lo que han hecho siempre los Abogados en su disciplina por ejemplo.

2. Evaluar el perfil del Arquitecto están formando las Universidades (empleado v.s emprendedor): Yo sostengo que en Chile a los Arquitectos en casi ninguna escuela se les entregan herramientas para emprender y autogestionar, sino que en la gran mayoría se les enseña muy bien a ser arquitectos-empleados. Muchos dirán que está lleno de arquitectos independientes… estamos de acuerdo, pero de ahí a que tengan las herramientas necesarias para levantar una empresa (de arquitectura) y crecer, me parece que estamos a años luz. Del total de mis compañeros de Universidad (salimos hace 4 años), calculo que menos del 5% ha empezado de manera independiente (es como que los que salen de ingeniería no estuvieran preparados para crear empresas.) Lógicamente es muy difícil que un arquitecto genere empleo, oportunidades, crecimiento si lo único que aprendió a hacer bien es a diseñar y calcular estructuras, pero no tiene idea de contabilidad, finanzas, ventas. Recuerdo que en una reunión con distintos profesores alguien preguntó que cuál era el perfil de profesional que debiera de estar formando la Universidad y alguien contestó: “Líderes y Emprendedores”… si es así, asumámoslo y que las Universidades entreguen las herramientas necesarias.

3. Campo profesional de un Arquitecto en Chile: Esto también lo hemos discutido en varias oportunidades en este sitio, y ya he escuchado otros arquitectos plantear el tema en otras circunstancias. Parece bastante ilógico que habiendo 44 escuelas de Arquitectura en Chile todos aprendamos a hacer básicamente lo mismo: Arquitectura pura y dura. Arquitectura a secas. Así, sin apellido, sin especialización… nada. La ciudad tiene muchísimas más necesidades que simplemente casas y edificios (que es lo que aprenden la inmensa mayoría de los arquitectos en Chile), además es necesario diseñar los espacios públicos, las calles, las veredas, las plazas, los parques. La ciudad hay que planificarla, regularla, discutirla, normarla etc. Pero en casi ninguna escuela se enseña a eso… Lo lógico sería que se formaran Arquitectos-Paisajistas, Arquitectos-Diseñadores Urbanos, Arquitectos-Planificadores, Arquitectos-Reguladores, Arquitectos-Especialistas. Actualmente está lleno de oportunidades para ejercer nuestra profesión que están siendo abordadas por constructores, abogados, ingenieros, economistas, etc… Sin ir mas lejos, en otros países hay ARQUITECTOS Chilenos creando ciudades, mientras en Chile los Arquitectos ni siquiera opinan sobre las ciudades que tenemos… pff. En fin, con esto quiero decir que tenemos un campo profesional en potencia enorme, pero algo hace falta para que los que están formando arquitectos también lo incorporen.

Y bueno en realidad podría seguir alargándome, pero creo que ya está suficientemente largo y latero el post. No me queda más que agregar que estoy confiado en que los tiempos de crisis nos traerán muchas oportunidades impensadas, y esperemos que suceda lo que la lógica económica plantea ante la escasez de recursos: nos veremos obligados a buscar soluciones más innovadoras, creativas y eficientes para las mismas problemáticas de siempre, entonces estaremos obligados a innovar y emprender.

Por último quisiera dejar la pregunta abierta: ¿Cómo creen ustedes que nos afectará la crisis a los Arquitectos?